viernes, 21 de septiembre de 2012

Los desconocidos que más se conocen.

Nunca habías pensado en lo que ocurriría cuando se fuera de tu lado. Nunca pensaste en las consecuencias que tendría, en lo que cambiarías tanto exterior como interiormente. Ahora observas en silencio entre las sombras, tomas nota, callas, asientes, e intentas sonreír. La clave está en no pensar. En hacer lo que te dé la gana, pasar una noche loca con amigas y rolletes, sumergidos en alcohol y unas cuantas caladas a un piti, una de esas noches en las que te acuestas en las aceras, y ríes o lloras sin saber la razón. Pero entonces llega una tarde cualquiera, tan normal como otra, y empiezas a pensar. Y a añorar momentos, promesas incumplidas y besos de despedida.  Ahora lo tienes que ver todos los días y hacer como si fuera un desconocido para ti, un chico cualquiera que solo conoces de vista de cruzártelo en los cambios de clase. Intentas guardártelo todo dentro, que lo sepas solo tú, nadie más, si a caso alguna persona con la que tienes muchísima confianza, pero solo tú sabes realmente por lo que estás pasando. Lo rota e insegura que te sientes por dentro, y lo fuerte y valiente que aparentas ser por fuera. Sabes que antes no eras así, que solías sonreír más antes de haberle conocido, que él te ha hecho cambiar. E intentas olvidarlo, fijarte en otros chicos, y parece que algo funciona, que ya no te pones tan nerviosa al pasar por su lado y oler su perfume, pero la única realidad, por mucho que te quieras engañar, y a pesar de lo hijo de puta, cobarde y falso que haya sido contigo, es que lo sigues queriendo.